Aborto espontáneo

Un aborto espontáneo
también es una pérdida.

Pasaron unos días, o unas semanas. El cuerpo empieza a volver a algo parecido a lo de antes y vos no. Alrededor, la vida siguió: alguien te preguntó si estabas mejor, alguien cambió de tema, y aprendiste rápido a contestar «bien» para no incomodar a nadie.

Lo que en el consultorio llamamos pérdida gestacional es esto que estás atravesando: un embarazo que se interrumpió y un duelo que casi nadie sabe cómo nombrar. Todo lo médico —qué pasó, por qué, qué sigue— es de tu médico o tu obstetra. Acá hablamos de la otra parte: la que nadie te pregunta.

«¿Hice algo mal?»

Es la primera pregunta y casi siempre la más injusta. La cabeza se pone a revisar hacia atrás con una precisión que no le conocías: el café de esa mañana, el gimnasio, la discusión del martes, el viaje, haber levantado algo pesado, haberlo contado demasiado pronto, haber dudado un segundo cuando viste el positivo.

La culpa no se va con información. Podés escuchar cien veces que no fue culpa tuya y seguir revisando la lista igual, porque lo que sostiene a esa culpa no es un dato que falte: es la necesidad de que algo tan importante tenga una explicación. Buscar un motivo, aunque el motivo seas vos, se siente menos insoportable que aceptar que no hubo ninguno.

Ese es parte del trabajo acá: no discutirte la culpa ni corregirla con argumentos, sino entender qué está sosteniendo y qué lugar ocupa en todo lo que estás sintiendo.

El cuerpo después

Tu cuerpo tiene su propio calendario y no coincide con el tuyo. Durante unos días fue un lugar de estudios, de controles, de gente mirando. Después, de a poco, vuelve a algo parecido a lo de antes — y esa vuelta, que debería aliviar, muchas veces duele más: es la prueba física de que aquello terminó.

Puede aparecer una relación rara con el espejo, con la ropa que otra vez entra, con el propio cuerpo como si te hubiera fallado. No te falló. Pero es un pensamiento que se instala rápido y conviene decirlo en voz alta antes de que se vuelva la manera en que te mirás.

Lo que te dicen, y por qué no ayuda

«Era muy temprano.» «Es más común de lo que creés.» «Por lo menos sabés que podés quedar embarazada.» «Ya va a venir otro.»

Casi siempre las dicen personas que te quieren y que no soportan verte así. El problema no es la intención: es que todas hacen lo mismo, que es correr tu dolor a un costado. Y cuando el entorno minimiza, lo que aprendés no es a estar mejor — aprendés a no mostrarlo. Ahí el duelo no desaparece: se vuelve privado, y el duelo privado es el que más cuesta.

Que a vos te duela no depende de las semanas que tenía ese embarazo. Depende del lugar que ese embarazo ocupaba en tu vida, en tu cuerpo y en todo lo que ya te habías imaginado.

Qué es esperable y cuándo conviene consultar

Es esperable llorar sin aviso. Estar irritable con todo el mundo, sobre todo con quien menos se lo merece. Dormir mal. No tener ganas de ver a nadie. Esquivar las redes. Que te atraviese la panza de una desconocida en la fila del supermercado. También es esperable lo contrario: sentirte rara por no estar llorando todo el tiempo.

Conviene consultar cuando eso no afloja con las semanas, cuando te impide sostener el día —el trabajo, la casa, los vínculos—, cuando la culpa se volvió una voz permanente, o cuando la sola idea de volver a intentarlo te paraliza. También conviene sin ninguna de esas señales, simplemente porque no querés atravesarlo sola.

Y hay algo que no espera. Si aparecen pensamientos de lastimarte o de que sería mejor no estar, no lo dejes para la próxima semana.

Ante riesgo inmediato: acercate a la guardia del hospital más cercano, o llamá al 107 (SAME) o al 911.

Para hablar con alguien: el Centro de Asistencia al Suicida atiende al 135 desde CABA y Gran Buenos Aires, y al 0800-345-1435 desde todo el país. Es gratuito y anónimo.

Y escribime igual, cuando puedas.

Todo lo que pasa con las fechas que vuelven, con la pareja que lo transita distinto y con la posibilidad de nombrar y recordar está en la página sobre duelo gestacional y perinatal. Vale acá también.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo un aborto espontáneo que un duelo gestacional?

«Aborto espontáneo» es el término médico de lo que pasó: es el que vas a ver en tu historia clínica. «Duelo gestacional» no nombra el hecho sino lo que viene después: el proceso de elaborar esa pérdida. Uno es lo que ocurrió, el otro es lo que hacés con eso. Acá trabajamos lo segundo.

Pasó hace dos semanas. ¿Es muy pronto para consultar?

No hay un momento correcto. Hay quienes escriben a los pocos días, cuando todavía no pueden ponerle palabras, y quienes lo hacen meses o años después. Empezar temprano no acelera nada —el duelo no se apura— pero suele evitar que se transite en soledad, que es lo que más lo complica.

No lloré casi nada. ¿Está mal?

No. El duelo no tiene una forma correcta ni una intensidad obligatoria. Hay quien llora todos los días y quien siente sobre todo un vacío raro, o enojo, o nada durante un tiempo. Que no haya lágrimas no significa que no haya duelo, y no dice absolutamente nada sobre cuánto querías ese embarazo.

Ya me dijeron que en unos meses puedo intentar de nuevo. ¿Y si no quiero todavía?

Los tiempos del cuerpo y los tuyos son dos cosas distintas, y solo una de las dos la define un médico. Que estés en condiciones de buscar otra vez no significa que estés lista, y no hay ninguna obligación de apurar eso — ni de decidirlo ahora. Si más adelante aparece el deseo, ese miedo tiene su propia página.

No quiero hablar de esto con nadie de mi entorno. ¿Sirve igual?

Sí, y es una de las razones más habituales para consultar. Un espacio afuera de tu círculo no te obliga a cuidar a nadie mientras hablás: no tenés que medir cuánto contás para no preocupar a tu mamá, ni sostener a tu pareja mientras se lo decís. Eso solo ya cambia bastante.

¿Trabajás con obras sociales o prepagas?

Atiendo de manera particular, no por convenio directo. Si tenés prepaga u obra social te corresponde un reintegro de una parte de lo que pagás: te mando la factura todos los meses lista para presentar, junto con una guía de cómo hacerlo. Si tu cobertura pide además un informe o un resumen de tratamiento, te lo preparo sin cargo.

Escribime cuando puedas.

No hace falta que sepas cómo nombrarlo ni que tengas las cosas claras. Con «perdí un embarazo» alcanza para empezar. Te respondo yo.

11 5994-6480

Primera entrevista sin compromiso de continuidad. Después, sesiones de 40 minutos, una vez por semana, online.