Pérdidas recurrentes

Perder otra vez
no duele menos.

La primera vez, todos aparecieron. Llamados, mensajes, alguien que te trajo comida. Esta vez el teléfono suena menos. Algunos no saben qué decir y eligen no decir nada; otros te esquivan la mirada como si la tristeza se contagiara. Y vos estás otra vez en el mismo lugar, con un duelo nuevo encima del anterior, y con menos gente alrededor que la vez pasada.

Esta página es para ese momento exacto: cuando la pérdida se repite y el acompañamiento se achica.

Volver a empezar también cansa

Hay un cansancio específico de la pérdida que se repite. No es solo la tristeza: es el desgaste de haber juntado fuerzas, haberlas usado, y tener que juntarlas de nuevo. Y con ese cansancio suele venir una culpa silenciosa: no estar triste «como corresponde», no tener la entereza de la primera vez, atravesar esta pérdida con menos lágrimas y más vacío.

Ninguna pérdida reemplaza a la anterior ni le quita peso a la siguiente. Se acumulan. Y un duelo que se suma a otro duelo no se transita igual que el primero — necesita otro tipo de sostén.

Cuando los estudios no explican nada

A veces hay una causa y un camino. Muchas veces, no: los estudios vuelven bien y la respuesta es «no sabemos». Lo que la medicina no llena, lo llena la cabeza — y casi siempre lo llena con autoacusación: algo que hiciste, algo que comiste, el estrés, ese día que te agachaste, aquella vez que dudaste.

La parte médica es de tu equipo médico: qué estudiar, cómo interpretar, qué probar. Acá trabajamos lo otro: lo que el «no sabemos» te está haciendo. Convivir con la incertidumbre sin convertirla en sentencia contra vos es de las cosas más difíciles que existen — y de las que más alivio traen cuando se trabajan.

El cuerpo como sospechoso

Después de varias pérdidas, muchas mujeres empiezan a vivir su cuerpo como un territorio enemigo: te falló, te traicionó, no hizo lo que «tenía» que hacer. Cada ciclo se vuelve un examen, cada síntoma una amenaza, y esa guerra silenciosa con el propio cuerpo agota tanto como el duelo.

Ese vínculo también se trabaja. No para forzar una reconciliación que no sale, sino para que el cuerpo deje de ser solamente el lugar donde pasó lo peor.

El miedo a ilusionarse otra vez

Ilusionarse empieza a sentirse peligroso. Conocés el precio. Entonces aparece la protección: no encariñarse, no proyectar, no contar — y enseguida la culpa por no poder ilusionarse «como antes». Miedo y culpa, las dos cosas juntas, con cada intento.

Si hay un nuevo embarazo en curso o en el horizonte, ese miedo tiene nombre propio y su propia página.

El entorno que se agota

Es lo específico de este duelo, y casi nadie lo nombra: el acompañamiento se gasta. En la primera pérdida el entorno aparece; en la tercera, muchos ya no saben qué decir y desaparecen. Dejan de preguntar. Cambian de tema. Alguno hasta se anima a opinar: «¿no será mejor que paren?», «por algo será».

Te vas quedando sin lugar donde llorar la que sigue — porque «otra vez con eso» flota en el aire, aunque nadie lo diga. Un duelo que ya era difícil de autorizar se vuelve doblemente desautorizado. Este espacio existe justamente para eso: un lugar donde la que sigue también cuenta.

La pareja, con el desgaste acumulado

Si están en pareja, ya saben que cada uno hace su duelo a su ritmo. Con las pérdidas repetidas se suma otra capa: el desgaste acumulado. A veces uno ya no puede volver a hablar del tema y el otro no puede parar de hacerlo; a veces los dos están tan cansados que el tema se volvió un campo minado dentro de casa, y el silencio parece más seguro que la conversación.

Ese silencio también se trabaja — de a dos o por separado, según lo que necesiten.

¿Seguir intentando o parar?

En algún momento la pregunta aparece, y suele llegar cuando menos fuerzas hay para pensarla. Mi posición es la misma que sostengo siempre: no empujo para ningún lado. Seguir es legítimo; parar es legítimo; pausar también. Lo que ofrezco es un lugar sin agenda donde distinguir el cansancio de lo que de verdad querés, sin el peso de lo que esperan los demás.

Si hay un tratamiento de fertilidad de por medio, esa historia tiene también su propio espacio.

Y hay algo que no espera. Si aparecen pensamientos de lastimarte o de que sería mejor no estar, no lo dejes para la próxima semana.

Ante riesgo inmediato: acercate a la guardia del hospital más cercano, o llamá al 107 (SAME) o al 911.

Para hablar con alguien: el Centro de Asistencia al Suicida atiende al 135 desde CABA y Gran Buenos Aires, y al 0800-345-1435 desde todo el país. Es gratuito y anónimo.

Y escribime igual, cuando puedas.

Todo lo que pasa con el cuerpo después de una pérdida, con las fechas que vuelven y con la posibilidad de nombrar y recordar está en la página sobre duelo gestacional y perinatal. Vale acá también, pérdida por pérdida.

Preguntas frecuentes

Estoy en plena etapa de estudios. ¿Tiene sentido consultar ahora?

Sí. No hace falta esperar un resultado ni un diagnóstico para empezar: la etapa de estudios —la espera, la incertidumbre, el cuerpo bajo examen— es de las más pesadas de sostener. Lo médico sigue con tu equipo; acá trabajamos lo que esa espera te hace.

No estoy buscando otro embarazo ahora. ¿Igual sirve?

Sí. El duelo no depende de que haya una búsqueda activa. A veces, justamente, recién cuando se frena la búsqueda aparece el espacio para llorar lo perdido — todo lo que la urgencia del «intentar de nuevo» venía tapando.

¿Puede venir mi pareja?

Podemos verlo. A veces el trabajo es individual, a veces incluye encuentros juntos. Con pérdidas repetidas, el desgaste acumulado de la pareja suele ser parte de lo que hay que mirar — sin buscar culpables.

¿Y si decido no intentar más?

Es una decisión tan legítima como cualquier otra, y no la tomo yo: la tomás vos, acompañada. Si aparece, la trabajamos sin apuro y sin empujarte a ningún lado. Ese camino también tiene su propio duelo, y también merece espacio.

¿Cuántas pérdidas «cuentan» para consultar?

Acá no hay número mínimo. Las definiciones médicas de pérdida recurrente varían y las maneja tu equipo médico; para consultar conmigo alcanza con que a vos te pese. Una sola pérdida ya justifica un espacio — dos o más, con más razón.

¿Trabajás con obras sociales o prepagas?

Atiendo de manera particular, no por convenio directo. Si tenés prepaga u obra social te corresponde un reintegro de una parte de lo que pagás: te mando la factura todos los meses lista para presentar, junto con una guía de cómo hacerlo. Si tu cobertura pide además un informe o un resumen de tratamiento, te lo preparo sin cargo.

Si estás atravesando esto, escribime cuando puedas.

No hace falta que cuentes toda la historia de entrada: con «perdí otra vez» alcanza. Te respondo yo, sin apuro.

11 5994-6480

Primera entrevista sin compromiso de continuidad. Después, sesiones de 40 minutos, una vez por semana, online.