Duelo gestacional y perinatal

Tu duelo es real,
aunque nadie lo nombre.

Perdiste un embarazo o un bebé, y alrededor tuyo el mundo parece haber seguido andando como si nada. Acá no. Acá lo que perdiste tiene el tamaño que vos sabés que tiene.

«Era muy poquito tiempo.» «Sos joven, ya va a venir otro.» «Por lo menos no llegaste a conocerlo.»

Si escuchaste alguna de estas frases, ya sabés lo que se siente: que te pidan que no te duela algo que te duele muchísimo. Es lo que en psicología llamamos un duelo desautorizado: una pérdida real que el entorno no reconoce como tal, y que por eso termina transitándose en soledad y en silencio.

La intensidad de este duelo no depende de las semanas de gestación. Depende del lugar que ese embarazo ocupaba en tu vida, en tu cuerpo y en todo lo que ya te habías imaginado.

Acompaño en

El cuerpo después de una pérdida

De esto casi nadie habla, y es de lo más difícil de atravesar: el cuerpo tiene su propio calendario, y no coincide con el tuyo. Según el momento de la pérdida será una cosa u otra: una espera con estudios y controles, un sangrado que se prolonga, una recuperación que lleva semanas. A veces la leche baja igual, y el puerperio sigue su curso —las hormonas, el cansancio— sin bebé que lo explique. Y mientras tu cuerpo te lo recuerda todos los días, el entorno ya dio el tema por cerrado.

Atravesar la recuperación física en ese silencio es una crueldad que nadie nombra. Acá se nombra. Y si a ese cuerpo se le suma una tristeza que en lugar de aflojar se profundiza, eso también tiene acompañamiento.

Las fechas que vuelven

Hay un calendario que quedó andando. La fecha probable de parto llega igual, con o sin embarazo. El aniversario de la pérdida vuelve cada año. Las ecografías siguen guardadas en el teléfono, y un día aparecen solas entre las fotos.

Que una fecha te devuelva el dolor de golpe no es una recaída ni una señal de que «no avanzaste». Es la forma en que la memoria sostiene lo que importó. Con acompañamiento, esas fechas se pueden anticipar y decidir: qué hacer ese día, con quién estar, si nombrarlo o guardarlo. No para que no duelan — para que no te agarren sola.

La pareja

Dos personas pueden perder lo mismo y transitarlo completamente distinto. Uno necesita hablar todos los días; el otro no puede ni nombrar el tema. Uno llora; el otro se refugia en el trabajo. Y casi nunca están tristes al mismo tiempo: cuando uno empieza a levantar, el otro recién cae.

Ese destiempo genera distancia justo cuando más falta se hacen. Aparecen los reproches silenciosos —«no le importa», «no me deja avanzar»— que en general son lecturas equivocadas de dos duelos con ritmos diferentes. Ponerle palabras a esa diferencia, a veces en sesiones individuales y a veces en algún encuentro juntos, suele bajar el nivel de soledad adentro de la propia casa.

El entorno y la vuelta

En algún momento hay que volver: al trabajo, al grupo de amigas, a las redes, a la fila del supermercado donde alguien que no sabe pregunta cómo viene la panza. Cada vuelta tiene su campo minado — el compañero que no sabe qué decir y no dice nada, el que dice exactamente lo que no había que decir, los anuncios de embarazo ajenos apareciendo en el teléfono.

No hay una manera correcta de manejarlo, pero sí hay algo que ayuda: decidir de antemano qué querés contar, a quién y con qué palabras, en lugar de que cada conversación te encuentre desprevenida. Parte del trabajo en terapia es ensayar eso. Acá cuento cómo son las sesiones.

Cuando ya hay otros hijos

Aparece una pregunta que no da tregua: qué decirles. ¿Entienden? ¿Cuánto? ¿Los daña saber, o los daña el silencio de una casa triste sin explicación?

Los chicos registran mucho más de lo que parece, y suelen llenar los silencios con teorías propias — a veces más pesadas que la verdad. No hay una fórmula única: hay palabras posibles según la edad, y una forma de decirlas que no les traslade a ellos el peso de consolarte. Eso se puede armar juntas en sesión, para que llegues a esa conversación con algo más que el nudo en la garganta.

Y algo más: sostener a otros hijos mientras hacés tu propio duelo es trabajo doble.

Nombrar y recordar

Algunas familias le ponen nombre. Algunas guardan la ecografía, la pulserita, una caja. Algunas plantan un árbol, escriben una carta, eligen una fecha para recordar. Otras no hacen nada de esto, y también está bien.

No hay una forma correcta de recordar a un hijo que no llegó, y no es obligatorio hacer nada. Pero si en algún momento aparece el deseo de nombrarlo o de tener un lugar donde recordarlo, ese deseo es legítimo y no necesita permiso de nadie. En sesión se le puede dar espacio a esa búsqueda: encontrar el gesto propio — si lo hay — sin copiar el de nadie y sin apurarlo.

Cómo trabajo

No hay etapas que haya que atravesar en orden, ni un plazo en el que esto «debería» estar resuelto. Cada duelo tiene su propio tiempo y su propia forma.

Lo que sí hay es un espacio donde podés hablar de tu hijo o tu hija, ponerle nombre si querés, enojarte, contar los detalles que no decís en ningún otro lado, y también reírte cuando aparezca. Un lugar donde no vas a tener que cuidar a la otra persona de tu propio dolor.

Trabajamos también con lo que viene después: cómo volver al trabajo, qué hacer con las preguntas de la gente, cómo está transitándolo tu pareja (si la tenés), y si en algún momento aparece la idea de buscar otro embarazo, cómo sostener ese miedo.

Si lo que atravesaste fue una pérdida temprana —lo que médicamente se llama aborto espontáneo—, escribí una página dedicada a eso.

También existen grupos de acompañamiento entre pares, como Era en Abril. El grupo y la terapia individual no compiten: muchas veces se complementan.

Y hay algo que no espera. Si aparecen pensamientos de lastimarte o de que sería mejor no estar, no lo dejes para la próxima semana.

Ante riesgo inmediato: acercate a la guardia del hospital más cercano, o llamá al 107 (SAME) o al 911.

Para hablar con alguien: el Centro de Asistencia al Suicida atiende al 135 desde CABA y Gran Buenos Aires, y al 0800-345-1435 desde todo el país. Es gratuito y anónimo.

Y escribime igual, cuando puedas.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo dura un duelo gestacional?

No hay un plazo. Y la duración no dice absolutamente nada sobre cuánto querías a ese hijo. Lo que sí suele cambiar con el tiempo y con acompañamiento es la forma: de un dolor que ocupa todo a un dolor que convive con el resto de tu vida.

Fue muy temprano. ¿Igual puedo consultar?

Sí. Es una de las consultas más frecuentes y una de las que más culpa trae. Las semanas de gestación no miden el tamaño de la pérdida.

Pasó hace años y todavía me duele. ¿Sirve empezar ahora?

Sí. Es muy común que un duelo que no tuvo espacio en su momento reaparezca años después, muchas veces con un nuevo embarazo, con un aniversario o sin motivo aparente. Nunca es tarde.

¿Se puede hacer online?

Sí, y en este caso suele ser una ventaja: no tenés que salir de tu casa.

¿Puede venir mi pareja?

Podemos verlo. A veces el trabajo es individual, a veces incluye algunos encuentros de pareja. Cada duelo se transita distinto y eso también suele generar distancia entre dos personas que perdieron lo mismo.

¿Trabajás con obras sociales o prepagas?

Atiendo de manera particular, no por convenio directo. Si tenés prepaga u obra social te corresponde un reintegro de una parte de lo que pagás: te mando la factura todos los meses lista para presentar, junto con una guía de cómo hacerlo. Si tu cobertura pide además un informe o un resumen de tratamiento, te lo preparo sin cargo.

Cuando te sientas en condiciones, escribime.

No hace falta que sepas qué decir ni que tengas las cosas claras. Con «me pasó esto» alcanza para empezar. Te respondo yo.

11 5994-6480

Primera entrevista sin compromiso de continuidad. Después, sesiones de 40 minutos, una vez por semana, online.